Mallorca no se termina
Pequeñas Cargas recorre algunos de los lugares que fueron apareciendo en mi camino durante todos estos años en la isla. Pero nunca intentó ser un mapa de Mallorca, ni mucho menos contener todo lo vivido aquí.
Mallorca tiene algo curioso: por mucho que la recorras, nunca parece terminar de mostrarse. Detrás de una curva puede aparecer un camino que no conocías, unos bancales sostenidos por muros de piedra, una cueva, una cala escondida, una finca, un bosque o algún rincón que parecía haber estado allí esperando a que pasaras.
Y con el tiempo descubrí otra cosa: tampoco se terminan los lugares que ya conocés. A veces volvés después de años y basta un muro de piedra, unas buganvillas cayendo sobre una terraza, la sombra de unos árboles o sentarte a tomar un café para que algo que parecía dormido vuelva a estar presente. Los lugares también guardan recuerdos.
Durante años fui acumulando muchos de ellos. Montañas, caminos, pueblos, playas, casas, personas, conversaciones y pequeños momentos. Algunos terminaron formando parte de este libro. Muchos otros, no.
Y está bien que sea así.

No quedaron fuera porque faltaran. Un libro necesita elegir. Necesita seguir un camino y, en algún momento, cerrar sus páginas.
A veces tampoco hace falta que ocurra nada extraordinario. Hay lugares que permanecen simplemente por su belleza: por la forma en que está construido un muro, por unos árboles creciendo sobre un bancal, por una luz determinada o por esa sensación difícil de explicar que hace que uno se detenga un momento y mire.
Quizá por eso esta web puede continuar un poco más allá del libro. Aquí pueden ir apareciendo algunos de esos lugares, fotografías y recuerdos que siguen formando parte del mismo recorrido, aunque nunca necesitaran convertirse en un capítulo.
Después de tantos años sigo teniendo la sensación de que Mallorca guarda más lugares —y más recuerdos— de los que uno alcanza a descubrir.
El libro, en algún momento, termina. Mallorca no.



















































